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El agua es tal vez
el mejor vehículo en la rehabilitación de grandes lesiones
corporales.
Es la única terapia que resta el 90 % del peso corporal al momento de ejercitarla (con el agua a la altura de los hombros y el paciente de pie). Esta proporción es variable a voluntad del terapeuta, por medio de la utilización de distintas profundidades (si el paciente puede mantenerse de pie) o de ayudas mecánicas, con el objetivo de alterar la relación empuje/peso. Este principio hidrogravitacional es el que permite ampliar el rango terapéutico en lesiones osteo-artro-musculares, difíciles de rehabilitar en otro medio. Lo expuesto es especialmente aplicable en casos de discapacidad permanente o temporaria, donde además se pone de manifiesto el potencial integrador de las actividades llevadas a cabo dentro de este medio. Lo mismo puede afirmarse en el caso de patologías neurológicas que afecten la marcha (por ejemplo, parálisis cerebrales), donde podemos imaginar al natatorio como inmensas paralelas, en las cuales puede variarse gradualmente el peso del paciente. El agua es el medio ideal para ejercicios o rehabilitación. Disminuye el stress músculo esquelético y el impacto en las articulaciones. A mayor temperatura es relajante, permitiendo a los pacientes incrementar su movilidad con gran disminución del dolor. Bajo estas condiciones se obtienen todos los beneficios del ejercicio, sin sufrir las fuerzas de compresión e impacto causados por la gravedad en tierra firme.
Hemos desarrollado algunas técnicas innovadoras. Tal es el caso de N.E.S.S. (neuroestimulación subacuática selectiva), especialmente indicada para sindromes autísticos y parálisis cerebrales severas.
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