A la memoria de Fabián Rochia, cuyo recuerdo nos acompañará en cada inmersión

Certificación de Buceo a Niños Discapacitados

Fuente: Jorge D. Aza, PADI MSDT 93160

   
  Este es el relato de una salida de buceo, pero no de una excursión cualquiera. El 29/03/01 un grupo de 7 buceadores nos dirigíamos a Puerto Madryn esperanzados con que el tiempo  patagónico, tan imprevisible, tuviera ganas de sumarse al grupo.
   
 

Tres de los siete integrantes de la expedición eran niños, con edades comprendidas entre los 10 y 12 años. Y dos de ellos, discapacitados.

Iban a realizar sus buceos de certificación en el mar, tal como se lo habían propuesto 5 meses antes, al comenzar su entrenamiento en la Fundación ACCaDi.

   
 

LA FUNDACION

La salida, parte de un cronograma de actividades, era la primera excursión de buceo organizada por la Fundación. Los objetivos estatutarios de la misma, claramente incluidos en su denominación (ACCaDi son las siglas de Actividades Comunes a las Capacidades Diferentes) consisten en la utilización del juego, el deporte no competitivo y la actividad sociocultural para integrar al discapacitado con el resto de la sociedad.

Se trata de un enfoque tan sencillo como novedoso: intentar mejorar la condición física y social del participante a través de lo lúdico, incluyendo prácticas deportivas que eviten la competencia entre discapacitados (tenis, basket, etc.) para reemplazarlas por aquellas que pueda practicar con amigos, parientes, etc. Hablamos de disciplinas tales como buceo, ski, etc.

ACCaDi consiguió su personería jurídica en agosto del 2000, y se encontraba trabajando en el proyecto desde abril del mismo año.
Los pasos metodológicos para lograr los objetivos propuestos fueron:

  1. Evaluación del participante: análisis de fortalezas y debilidades.

  2. Definición de:

    a) Tratamientos a sugerir

    b) Diseño de prótesis y ortesis específicas para la práctica de la disciplina elegida

    c) Eventual diseño de equipamiento deportivo especial

    d) Adaptación pedagógica a las posibilidades del participante.

  3. Asesoramiento a padres o familiares directos.

La Fundación cuenta tanto en su seno directivo como en su Cuerpo de Voluntarios, con profesionales médicos, técnicos ortesistas, instructores y especialistas de las distintas disciplinas que se practican

Por supuesto, los obstáculos fueron y son ( y creemos que serán) innumerables y gigantescos. Obviamente no había dinero, ni sede, y los apoyos prometidos desaparecieron como el sol ante la tormenta en cuanto se verificó que la idea de la Fundación se materializaba.

Otros se acercaron detrás de un objetivo válido pero pequeño: el rédito comercial inmediato.

Los menos, cumplieron el apoyo prometido y con ellos la Fundación comenzó a funcionar, con algunos tropezones propios del aprender a caminar.


HABLEMOS DE BUCEO


En este entorno, un grupo de 4 niños comenzó su curso de buceo. Tres de ellos discapacitados, y el cuarto, un primito con ganas de aprender y divertirse. Durante 5 meses realizaron el curso a pesar de impedimentos en algunos casos importantes, aprendiendo y, lo que es trascendente, enseñando con su ejemplo.

Las primeras clases fueron desalentadoras: equipos grandes, sumados a una motricidad desbalanceada y desviada de lo habitual conspiraban contra el adecuado aprendizaje de las técnicas. A todo el panorama se sumaba que los alumnos no concurrirían a alguna cantera, sino al mar, porque la idea era compartir las maravillas del mundo submarino (como cualquier buceador desea) y no realizar un simple bautismo en cualquier sitio. Además, no había medios para que dicho mar fuera el Caribe ni Brasil, con lo cual las opciones viables se reducían a Puerto Madryn.

   
 

Así fueron pasando  las clases, jugando, aprendiendo, integrándose, y no tardaron en aparecer las gratificaciones. No es sencillo describir la sensación producida al ver a un niño con agenesia de ambas manos (en lenguaje simple, sin manos) colocarse el equipo en superficie, flotando, o compartir el regulador con otro alumno mientras practican un ascenso en emergencia de aire. O ver a los cuatro sumergidos jugando con la pelota de ping pong  y la cuchara invertida, en una “salvaje” competencia que coronaría como ganador  al mas habil en detener la obstinada carrera hacia la superficie del pícaro y diminuto balón.

   
  LOS APOYOS

Paralelamente se organizaba la salida. Las líneas aéreas cuyo aporte se encontraba comprometido para la ocasión, no cumplieron en efectivizarlo cuando les fue requerido. Pero otros apoyaron la iniciativa. Así, Alejandro Penelas, buzo, alumno y amigo, aportó su Fiat Ducato y su trabajo como chofer del grupo (además de buzo) al costo del combustible utilizado. Casa del Buceador aportó 4 trajes de neoprene chicos, antiguos pero en muy buen estado. Ortopedia Alemana sumó sus talleres para la adaptación de los mismos al físico de los pequeños buceadores, además de confeccionar una prótesis ajustable para permitir la utilización de aletas.

Tanto el alojamiento como la comida fueron provistos por el Gobierno de la Pcia. De Chubut, por intermedio de María Esther Oviedo, secretaria de la Sra. Marcela Lizurume, Directora de Promoción Social de la Pcia. de Chubut.

La empresa prestadora de servicios turísticos Safari Submarino, de Tito Bottazzi, suministró parte del equipamiento, embarcación y personal de apoyo a precios sensiblemente inferiores a los de plaza.

Un párrafo aparte merece la Prefectura Naval Argentina, quien nos acompañó en la idea desde su gestación, amén del apoyo de una embarcación neumática y personal de la fuerza, presente durante las inmersiones. Desde aquí vaya la reiteración de nuestro profundo agradecimiento al Prefecto Suñé y al Subprefecto 0sa, entre otros que participaron activamente.

Finalmente, cuando todo estaba listo, un terrible imprevisto sacudió la Fundación: uno de los participantes, Fabián Rochia, sufrió una fuerte recaída en su lucha contra el cáncer, y fallecía. La misma enfermedad le había provocado la amputación de una pierna un año antes.

Luego de echar mano a no pocas reservas anímicas, el viaje quedó previsto para el con los siguientes integrantes:

  • Jorge Aza, Instructor
  • Alejandro Penelas, buzo de apoyo, transporte
  • Gustavo Sekula, Camarografo sub
  • Gustavo Villamil, Divemaster
  • Mariano Dalaison, alumno
  • Ezequiel Murga, alumno
  • Andres Yanusi, alumno

Luego de un viaje ideal en la Ducato de Alejandro Penelas, pese a la demora en la partida por la impuntualidad crónica de su dueño, el día de la llegada, 30 de marzo, se consumió en la instalación del grupo en el alojamiento, y el armado del operativo de buceo previsto para el sábado 31, que sería el primer día con inmersiones.

La jornada amaneció con tiempo cambiante. Los buceos estaban previstos en playa Paraná, en el impactante naufragio del Folias. En camino a ese lugar , la Ducato cargada de equipos se encajó en la arena, para gran diversión de los chicos y preocupación de los mayores. Luego de una hora de trabajo y mediante el auxilio de un remolque y su malacate, la noble bestia (la Ducato, no Alejandro), pudo zafar. Pero al llegar a la playa, tanto el personal de Prefectura como el de Tito Bottazzi desaconsejaron el buceo en ese lugar, dado que las condiciones ya no eran las ideales.

Sugirieron entonces la plataforma situada sobre el Parque Nuevo, y hacia allí nos encaminamos.

Las mejoradas instalaciones de Safari Submarino en la playa, frente al parque, nos sirvieron de base para ayudar a equiparse a los futuros buceadores, tarea trabajosa en lo que al neoprene se refiere. Debemos subrayar aquí que los niños no oponen adecuada resistencia a la tracción de un traje de neoprene grueso, con lo cual resulta ardua su colocación.

Por fin en la plataforma, observamos atónitos que el mar se encrespaba y comenzaba a sacudir la estructura, mientras nubarrones negros se cernían sobre el grupo. Para cuando los chicos finalizaron de probar su lastrado, el mar sacudía en el límite de lo aconsejable y las miradas subrepticias cruzadas con el personal de Prefectura y de Safari Submarino eran casi constantes.

Pero los chicos hacían gala de una seguridad envidiable, no siempre ostentada por alumnos mayores que ellos y sin discapacidades a cuestas.

Ingresar al agua, salir del interior de la plataforma y llegar al cabo de fondeo adujado a la pesudoproa de la estructura fue todo uno. En un segundo más, y chequeados los instrumentos, estábamos descendiendo, sin ningún problema de flotabilidad o compensación de espacios aéreos.

Durante 25 minutos recorrimos el parque, en movimiento constante para evitar que los chicos tuvieran frío. El paseo sólo era interrumpido para que fueran paulatinamente completando los requerimientos del buceo 1 del curso Open Water Diver de PADI.

Las miradas de los adultos eran elocuentes: no podríamos haber imaginado una inmersión mejor. Allí estaba el premio a tanto esfuerzo.

Al emerger, el mar había calmado, y al regresar a la playa, era un espejo. Y todo en una hora!

Sin embargo, el frío que sentían los niños nos hizo desistir de realizar el segundo buceo. Desarme y lavado de equipos, a almorzar y a los videojuegos, para delicia tanto de los grandes como de los chicos.

El domingo 1 de abril vivimos una verdadera fiesta. El grupo se dio el gustazo de bucear en el Folias, y Madryn nos regaló una jornada inmejorable. Esta vez el buceo fue desde el gomón de los muchachos de Prefectura y la lancha de Safari Submarino, con roll hacia atrás incluído.

Fue un inolvidable buceo y un día maravilloso: la conjunción de sol pleno y mar calmo transformaban a Playa Paraná en un lugar similar a los descriptos en las revistas especializadas.

Durante el buceo y utilizando sus linternas, los alumnos husmeaban desde afuera en el interior del naufragio, mientras Gustavo Sekula realizaba un excelente trabajo fílmico. Tras emerger, nos encontramos con los medios periodísticos de la provincia, quienes dieron adecuada difusión a nuestro accionar.

El frío del agua y la cercanía del regreso conspiraron una vez más contra la realización de los buceos faltantes, por lo cual los noveles buceadores recibieron su credencial provisoria de Padi Scuba Divers, quedando abierta la oportunidad de efectuar, en otra ocasión, los buceos faltantes para obtener la certificación Open Water Diver.

Un tranquilo y previsible viaje de regreso (esta vez con puntualidad inglesa en sus horarios) marcó el final de un excelente trabajo en equipo, pleno de enseñanzas que ya estamos volcando en una nueva camada de alumnos.

Jorge D. Aza, PADI MSDT 93160

   
 
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