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MARCOS BAYA Y CAROLINA
BENETTI SUBIRAN ACOMPAÑADOS POR FISIOLOGOS, BIOQUIMICOS Y TRAUMATOLOGOS
ESCALAR LA VIDA
MISMA
Dos chicos de 20 y 22 años que sufrieron cáncer en sus huesos
escalarán el cerro Aconcagua. Forman parte de una investigación
para saber qué les pasa a sus cuerpos a 6.959 metros.
La idea no es llegar
al pico de la montaña. Siempre les digo que ya tuvieron que enfrentar
algo que es como el Aconcagua y el Everest juntos, y que lo pudieron superar.
El desafío es grande, pero no es necesario clavar la banderita
en la cumbre", dice la doctora Patricia Cudeiro. traumatóloga
especialista en tumores óseos. Cudeiro coordina a un grupo de 50
personas que desde mañana intentará escalar el Aconcagua.
Quizás así dicho el acontecimiento no parezca muy novedoso,
pero lo es. ¿Por qué? Porque entre los escaladores hay dos
que superaron el cáncer de huesos la aventura es parte de una investigación
científica avalada por la Secretaría de Deportes, el Ejército
y varias empresas. Allí fisiólogos, bioquímicos y
traumatólogos evaluarán cómo se comporta el organismo
ante situaciones adversas como la falta de oxígeno en las alturas.
En un principio eran diez los pacientes oncológicos recuperados
que iban a vivir la aventura, pero tras varios tests físicos, sólo
Marcos Bayá (22) y Carolina Benetti (20) demostraron que están
en condiciones de subir a la montarla de 6.959 metros de altura. Marcos
tuvo a los 17 años cáncer de cadera y pelvis, y se recuperó
con quimioterapia. A Carolina le descubrieron a los 16 años un
tumor maligno en la pierna derecha. Tras un año de tratamiento
le colocaron una prótesis en el fémur. "Mi oncóloga
dice que soy la mujer biónica", comenta Carolina, y que está
estudiando medicina para ayudar a curar. Marcos estudia ingeniería
electrónica y ama navegar. "Escalar el Aconcagua es el eslabón
en la rehabilitación: nos hace sentir iguales a los demás",
concluye. Y los dos, incansables, siguen con sus ejercidos.
A 200 metros de
Plaza de Mulas
Carolina Benetti tenía 15 años cuando fue operada de cáncer
óseo. Hoy tiene 20 y, junto con Marcos Bayá, de 22 -también
operado-, lograron subir 4.500 metros del Aconcagua. Llegaron hasta el
campamento base de Plaza de Mulas, de donde parten todas las expediciones,
y subieron 200 metros más "sin más ni menos quejas
que los otros deportistas que son 'sanísimos' y muy entrenados",
dice la médica Patricia Cudeiro.
La traumatóloga (especialista en tumores óseos malignos)
viajó con un grupo de 38 personas entre médicos, deportistas
y los dos jóvenes que son sus pacientes.
El grupo original de Cudeiro estaba compuesto por 10 chicos que recibieran
tratamientos de radioterapia o quimioterapia y algunos que recuperaron
sus miembros mn prótesis o con injertos óseos. Los jóvenes
realizaron un duro entrenamiento de sólo tres meses, porque todos
desarrollan otras actividades deportivas. No obstante, a medida que se
acerca la fecha del viaje, algunos se fueron autoeliminando. En otros
casos, fue la médica quien debió decirles que no viajaran,
previendo que el esfuerzo sería terrible. "Lo tomaron bien
porque se dieron cuenta de que iba a ser una experiencia muy penosa".
De los 10 pacientes, sólo dos lograron ascender el cerro Aconcagua.
"Sufrieron los inconvenientes típicos de quien está
en alta montaña, aunque en menor cantidad porque tuvieron una capacidad
especial que es individual, ésa que no adquieren con entrenamiento".
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